Un paseo por el ragtime

Un paseo por el ragtime

02, May Tiempo de lectura: 7 minuto(s)

Allá por 1890 una familia estadounidense de clase media se reúne con amigos en el salón de su casa para celebrar un evento cualquiera, tal vez una fiesta. Charlan, intiman, brindan, beben... De fondo el ruido ambiente. No contaban aún con un gramófono, patentado unos años antes, en 1887. Sin embargo, en el imaginario popular y cinematográfico ─tal vez sólo en el mío─ se les puede visualizar cantando felizmente alrededor de un piano. Aunque no era nada frecuente ver un piano, al menos no en todos los hogares. Simplemente no estaba al alcance de todos los bolsillos. Pero imaginemos: esta familia pudo permitirse uno. Bastante caro, voluminoso y con muchas teclas. Ochenta y ocho, para ser exactos.

¿Y qué tocaban en las reuniones? ¿Rock and Roll? ¿Boleros? ¿Música ligera? ¡Ojalá estuvieran inventados! Pero quedaban décadas para algo así y la música popular era, o bien clásica, o bien tradicional. Nada emocionante y probablemente demasiado aburrida para una fiesta. Pero un buen día, a finales del siglo XIX, aparecieron unos compositores rebeldes reventando, versionando y sacudiendo las melodías clásicas de Chopin y compañía con un contratiempo feroz. ¡Herejía!

Estructura básica del ragtime. Ellas ganan.

Había nacido el ragtime. Pido por adelantado a los eruditos del jazz ─si alguno lee estas líneas─ que me disculpen por esta explicación tan simplificada del estilo. Los negros afroamericanos, bien conocedores del ritmo y del blues primigenio ─con sus canciones de oración, trabajo o espiritualidad─ influyeron de manera determinante en estos compositores noveles. Inspirados por esta música apabullaron con su ingenioso manejo del teclado fusionando todos los estilos. Técnicamente la mano derecha ejecutaba melodías sincopadas, mientras la izquierda llevaba el ritmo con patrones pegadizos ─como el om pa om pa, o bajo acorde bajo acorde en cuatro o dos tiempos─. Las melodías clásicas tradicionales saltaban y se retorcían en el piano. Las marchas de banda, tan populares entonces, literalmente cobraron vida propia al piano. Incluso frases y motivos sueltos de clásica se incorporaron al ragtime. Indiscutiblemente el estilo se convirtió en sensación y el piano en el rey de la música, por lo menos durante unos años.

Una década más tarde, las partituras de ragtime salían como churros de las imprentas. Era lo más parecido a comprarse un CD hoy en día. Scott Joplin, el más popular en este género musical, publicó en 1899 su primer ragtime. Considerado como el más prolífico compositor, su obra The Entertainment perduró hasta los lejanos años 70, inmortalizada para siempre en la película El golpe. Otra obra en concreto, Mississippi Rag, rompió moldes. Era una locura: ¡Todo el mundo al piano! ¡A reciclar a los pianistas clásicos! No siempre gozando de popularidad, claro, pues se consideró en principio algo de clases bajas, nacido de movimientos obreros y esclavos. Pero este virus musical estaba en plena expansión y una horda de estudiantes se apuntaron a la moda... ellas. Porque, salvando a los compositores, casi todos masculinos, los intérpretes consumidoras en masa de partituras y quienes deleitaban al piano con esta nueva sensación musical eran mujeres.

Estilos para parar un tren (o un saloon)

Hay tantas partituras de ragtime de esas décadas que yo hace tiempo perdí la cabeza: ragtimes de animales, de circo, militares, humorísticos como la segunda canción que incluyo, los novelty pre-stride ─evolución natural brillante y alrededor de 1920─, los balls para fiestas, valses, con fragmentos de óperas, preparadas para acompañar voz, blues incipientes... La lista es interminable.

Mi gusto personal de subestilos del ragtime es variado. Joplin es el menos favorito en mi repertorio, ya que las rarezas poco reconocidas me atraen mucho más. Atesoro por lo menos medio millar escaneado de partituras, en el práctico formato PDF. No voy a revelar cómo conseguí tantas ─mientras esbozo sonrisa de coleccionista─. Pero aclaro a aquellos preocupados por la propiedad intelectual que muchas ya son de dominio público y se pueden usar y difundir libremente. Afortunadamente países como Estados Unidos ─a través de universidades y entidades de preservación─ han escaneado miles y miles de ellas, poniéndolas a disposición vía internet, o bajo petición expresa.

Eso ha hecho que, a pesar de tener más de un siglo, el ragtime haya perdurado y siga teniendo sus festivales y adeptos. Incluido el pianista de burdel ─que firma esto y además promete intentará algún día ser capaz de tocar el novelty Blue Keys que se puede escuchar en primer lugar a continuación─. Para mí el ragtime siempre será el verdadero precursor del jazz

Y hasta aquí la paliza de texto. Ahora toca escuchar las muestras de audio :D

Audio - Bluin the black keys - Arthur Schudtt (1926)

Es la tortura de cualquier pianista hecha realidad. Es un novelty más que un rag. Endiablada, rápida, en un tono que apenas usa notas blancas y manos entrecruzadas. De hecho esta versión es una conversión de formato MIDI a MP3 que realicé usando samples de un piano Steinway. ¡Luego la está tocando una máquina! No encontré nada humano y correcto en internet de esta infernal partitura robótica. Es hipnótica para escuchar, desquiciante de estudiar y mortal para interpretar.

Audio - Desecration Rag - Felix Ardnt (1914)

En el mismo cajón metidos Dvorak (con su Humoresque n 7), Chopin con una polonesa militar, también Chopin con la marcha fúnebre y un poco de rapsodia húngara de Liszt. La versión, muy simpática y acertada, es de Mas Ikemiya1, que incluso añade un homenaje a la quinta de Beethoven. Esta sí que es una versión humana.

Audio - The Easy Winners - Scott Joplin (1901)

Un clásico de Joplin, no tan conocido como The Entertainment pero igualmente brillante. La versión es de Will Hahn2, y aunque tiene mínimos errores de ejecución creo que es muy acertada en tempo y aire. Como tiene que ser un ragtime, ni antinaturalmente rápido ni forzosamente lento.

Audio - Black And White Rag - Botsford, George (1908)

¡Uno de mis favoritos! De hecho aparece en uno de los grados de los exámenes de la Royal Academy of Dance, y yo encantado, claro :) Esta versión es un arreglo de Winifred Atwell, interpretado por Michael Sands3 en un piano tan viejo como el ragtime en sí mismo.

Audio - Weeping Willow - Scott Joplin (1903)

En realidad no hay humano detrás de este audio/mp3. Es un pianoroll4, un rollo mecánico para pianolas. Un piano sin pianista, como si fuera un fantasma el que toca :O Un ragtime clásico con una progresión que tiene algo especial y es una gozada incluir en un repertorio variado de jazz.

Audio - Sensation, a rag - Joseph F. Lamb (1908)

Allá por los 90 compré un libro de ragtime fácil en la extinta tienda de música Vellido de Bilbao (cuando todavía era un tímido estudiante de conservatorio) y este era uno de los temas simplificados incluidos en la selección básicamente copada por Joplin. Fue amor a primera vista. También es un pianoroll4.

Audio - Dill Pickles Rag - Charles L. Johnson (1906)

Absolutamente genial esta composición. La progresión descendente de la voz media es brillante y muy adictiva en la parte A, y luego al final vuelve a cobrar protagonismo :D Un ragtime para entrenar y disfrutar sin medida. Como el anterior también es un rollo automático, en inglés pianoroll4.

Para añadir en una futura revisión:

  • 1919 Bohemia Rag Lamb, Joseph F.
  • 1917 Charleston Rag Blake, Eubie
  • 1909 Temptation Rag Lodge, Henry
  • 1911 Peanuts Earnist, Ethel

Artículo original: Mayo 2011

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